Cruce de Catalina

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Equipo completo que nos acompañó en el Cruce de Catalina
Equipo completo que nos acompañó en el Cruce de Catalina

Hoy les puedo contar la historia completa.

En el año 2005 mi amiga Marcia Cleveland y yo planeábamos nadar juntas el Canal de Catalina, que se encuentra entre la isla de Santa Catalina y Palos Verdes (a la altura de Los Ángeles, en la costa de California), para así darnos valor mutuamente y superar los temores que a cada quien nos representaba hacer este nado, para Marcia era nadar de noche, ya que este cruce se empieza de noche, debido a que los patrones de viento son más ligeros y esto hace que el oleaje sea menor; y para mí, el mayor temor era la presencia de cierta fauna típica de la costa de California, y que hasta antes de mi cruce no era capaz ni de mencionar. Eran los ‘innombrables’, y todos mis amigos tenían prohibido mencionarlos en mi presencia hasta que pasara mi cruce.

A_punto_de_aterrrizar-2En el invierno de 2004 Marcia me contactó, como habíamos quedado, para empezar a organizar nuestro cruce del verano siguiente, pero mis fantasmas pudieron más que mi valentía y en esa ocasión no me animé. Le dije a Marcia que no me sentía lista para realizarlo, pero si ella seguía con el plan, la acompañaría desde la embarcación como equipo de apoyo, y así lo hice.

Hasta el año 2015, había acumulado varios viajes a la Isla Catalina,  acompañando a otros nadadores para sus travesías. Particularmente, había entrenado a mi amigo Antonio Argüelles para sus dos Triples Coronas, con tres cruces exitosos en California (1999; 2008 y 2009), y a Mariel Hawley quien fuera la primera mujer mexicana en realizar las Tres Coronas, culminando con Catalina en el año 2012. También estuve apoyando el relevo de dos personas de mis amigas Lety Flores e Isabel Cantú (2012) y en el intento de Alfredo Carreras.

En noviembre del año pasado, estuve presente en la ceremonia de inducción al Salón de la Fama de Antonio, en Los Ángeles. En el evento surgió una invitación para asistir al día siguiente al banquete de la Catalina Channel Swimming Federation (CCSF), en el que entregan los reconocimientos a los nadadores que realizan cruces en la temporada.

DSC02255-2Coincidí en ambos eventos con mi amiga Liz Fry, a quien conocí en unos de mis viajes al Canal de la Mancha. Liz sabía parte de mi historia del cruce de Catalina. En el banquete de la CCSF compartimos mesa y cuando empezaron a desfilar los nadadores para recibir sus reconocimientos me dijo: “¡Míralos!, Si ellos pueden, ¿por qué tu no?” y me hizo una propuesta: “Si te animas a hacer Catalina el próximo año, yo te acompaño nadando”.

Por mi parte, venía pensando tiempo atrás que debía enfrentar mis miedos si quería ser congruente con lo que siempre he querido transmitir a los nadadores que entreno. Además, Catalina era el único nado que me faltaba para obtener la Triple Corona de las Aguas Abiertas, que consiste en completar el cruce del Canal de la Mancha, el nado alrededor de Manhattan y el cruce de Catalina.

Acercandonos_a_Catalina_2-2Como lo mencioné en algún capítulo de mi libro, la camaradería entre nadadores del Canal es increíble y solidaria. Y este fue el caso con mis amigas Liz Fry y Marcia Cleveland, quienes me inspiraron y me impulsaron a hacer este cruce, que definitivamente ha sido uno de los más significativos, después de mi travesía doble del Canal de la Mancha.

Quizás no ha sido el reto que más me ha exigido físicamente, pero si mental y emocionalmente. Pero fue un proyecto que fluyó desde el principio. Todo se fue acomodando y mucha gente se sumó en el camino para ayudarme.

Abastecimiento_de_dia_1Mi tema no era el aguantar la distancia (34 Km) o soportar el frío, o el nado nocturno, mi fantasmas estaban en mi mente. Además que también sería mi primer nado que realizaba de esa dimensión desde mi separación con Roberto, quien siempre me apoyó y dio confianza en mis nados.

Unas semanas antes del cruce expresé mi sentir como una mezcla de emociones y la sensación de que me iba a tirar de un paracaídas y no sabía si tendría el valor de hacerlo. Pero no todas las sensaciones que tenía eran desagradables, tenía muchas emociones ante este reto que me gustaban y que hacía algún tiempo no sentía con esa intensidad.

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Una de las personas que se sumó a ayudarme fue Mauricio Menache, distribuidor de Shark Shield en México. Gracias a él pude conseguir los equipos fabricados en Australia, que ahuyentan a los tiburones y que nos protegieron durante la travesía. Funcionan a través de una antena que transmite ondas eléctricas, que son imperceptibles para el humano pero que los tiburones sienten y se alejan. No sé si funcionen a la perfección, pero a mí me dieron mucha seguridad y me hicieron sentir protegida. Mauricio me había dado dos equipos y Liz llevó uno más. La batería de cada uno duraría aproximadamente cuatro horas, por lo que los tendrían que estar cambiando.

A pesar de la experiencia tanto de Liz como la mía en nados en aguas abiertas, tuvimos un par de olvidos de novatas. Uno de ellos fue no llevarnos al barco los cargadores de los Shark Shield y el otro olvido fueron las luces cyalum para iluminar el kayak y barco que nos escoltarían. Las luces las pudo conseguir Liz en la Marina San Pedro, y los cargadores de los Shark Shield no era fácil de reemplazar, así que calculamos que tendríamos 12 horas para hacer el nado.

La última sorpresa antes de iniciar la travesía fue enterarnos que la predicción de las corrientes para esa noche era en dirección totalmente opuesta al sentido al que nadaríamos. Es decir, en la ruta no convencional, de la costa a la isla. Liz y yo habíamos registrado nuestro intento del cruce ante la CCSF en esa dirección, por lo que ya era demasiado tarde para querer hacer un cambio en el recorrido.

Desde el momento que tomé la decisión de hacer el nado fue asombroso como todo fue fluyendo. Y todos los amigos que se sumaron para ayudarme.

Conté con el patrocinio de Remax México, TomTom y Sport City. Toño Argüelles me ayudó con un boleto de avión para poder llevar a mi amiga y médico del deporte Ariadna del Villar, quien ha estado en muchos de los cruces con mis nadadores, y ahora le tocó cuidarme y hacerse cargo de mis abastecimientos. Catalina Clavé me apoyó con mi vuelo a LAX. Varios de mis nadadores me ayudaron con el registro del cruce ante la CCSF. Fue relativamente fácil conseguir a los kayakistas que nos escoltaron en el trayecto, uno de ellos Robin Hipólito, además de mi amigo de años atrás, Claudio Majewski, quien actualmente reside en San Diego. Chely Bujaidar me ayudó en parte de la logística del viaje y del nado. Y Brad Howe fue el videógrafo oficial. Además, aunque no abordo físicamente, pero si en espíritu, cientos de amigos alrededor del mundo nos seguían en nuestro recorrido a través de un gps tracker.

En el momento de saltar al agua todos mis pensamientos negativos se difuminaron y empecé a enfocarme solamente en bracear y mantenerme al lado y a la velocidad de Liz. El recorrido lo iniciamos aproximadamente a las 9:30 P.M. en una completa oscuridad, pero conforme avanzó la noche tuvimos una luna hermosa y un cielo estrellado. Tardamos poco en adaptarnos al ritmo de nado y a los tiempos de abastecimiento, que fueron cada 30 minutos.

Mi mente estuvo ocupada todo el tiempo. Pensé en cada una de las personas que me ayudó y motivó a estar ahí. También pensaba que tenía que llegar al otro lado y hacer que mi hijo Max Dilan se sintiera orgulloso de mí. A pesar de no ser una persona totalmente religiosa varias veces me sorprendí orando un padre nuestro.

Ocasionalmente me entretuve mirando lo que sucedía en la embarcación e iba vigilando que el Shark Shield tuviera la luz verde encendida, lo que significaba que estaba funcionando.

Cuando amaneció tuvimos la isla Catalina a la vista. Ya con luz del día podía ver mejor a Liz, e intercambiamos muchas sonrisas. Cada una cuidó de la otra. Siempre me sentí segura y protegida por Liz, por la tripulación del Outrider y por nuestro equipo de apoyo. A las doce horas de nado ya nos encontrábamos muy cerca de Catalina. Fueron 37 minutos más para tocar tierra y hacer el aterrizaje en la playa de Two Harbours. Fue una enorme alegría compartida. A la llegada tuvimos un comité de recepción por un cardumen de peces pequeños de colores. Me alegró mucho que esa fue toda la fauna que vimos en el recorrido.

Nuestro tiempo oficial del cruce fueron 12 horas 37 minutos. ¡Mis miedos superados! y, ¡La Triple Corona realizada!

Hoy sé que habría sido capaz de realizar el cruce 11 años atrás. También sé que los sueños no tienen una fecha de caducidad para cumplirse. Cada sueño es muy personal y tiene sus tiempos de realización. Mi cruce de Catalina sucedió en el momento que tenía que ser y cuando estuve lista. Hoy me siento muy feliz de haberlo logrado, y agradecida con toda la gente que me acompañó en esta aventura.

Agradecimientos:

Liz Fry, Marcia Cleveland, Carol Sing, Mauricio Menache, Antonio Argüelles, Brad Howe, Ariadna del Villar, Dora Cadena, Mauricio Cadena, Max Dilan López Toledano, Catalina Clavé, Celia Bujaidar, Martha Navarrete, Cytlalli Ibañez, José Luis Martínez, Mariel Hawley, Javier Alfaro, Clara López, Dulce Belmar, Enriqueta Nuñez, Martha Mireles, Celia Peniche, Claudio Majewski, Paula Selby, Bárbara Held, Grace Van Der Byl, Robin Hipólito, John Pittman y la tripulación de Outrider, Catalina Channel Swimming Federation y a los Canaleros.

Sport City, Remax Mexico, Tom Tom, Nutrición Dinámica y Clínica del Deporte MX.

 

3 comentarios sobre “Cruce de Catalina”

  1. Que padre tu nueva hazaña Nora eres una luchadora y ejemplo para mucha gente en todos los aspectos, disfrute mucho leer tu narracion la cual lo hace a uno como si se estuviera en el lugar!!! Te felicito y mando un fuerte abrazo!!! 🙂

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